Genealogía hasta Adán: Realeza Europea

Diciembre 1, 2012FS México

 
Realeza Europea  

“En mis registros familiares encontré una genealogía interesante que nos liga a una línea de la realeza Europea que va de Carlo Magno a Antenor, Rey de los Cimerios, después a Judá, y desde allí a Abraham y Noé hasta Adán. Me pueden decir: ¿Cuán confiable son estos linajes?”

Val D. Greenwood,
Especialista en ordenanzas del templo para el Departamento Genealógico de la Iglesia.

Su observación de que esta genealogía es interesante es muy apropiada. De hecho es interesante. La pregunta es si ésta y otras similares son más que interesantes.

Esta genealogía obviamente no es la única. Hay otras que también pretenden llegar a nuestros primeros padres, Adán y Eva. Una de estas líneas va desde la realeza Irlandesa a Tamar Tephi , una de las hijas del rey Sedequías, quien fuera rey de Judá cuando Lehi salió de Jerusalén en el año 600 a. de C. Algunos siguen su línea a través de Ana, una hija de José de Arimetea, que era pariente de Cristo y quien proveyó el lugar donde sepultaron al Salvador. Una cuarta, la de los antepasados de la Reina Elizabeth II de Inglaterra, se remonta hasta los reyes de Wessex hasta Sceaf, “un hijo de Noé nacido en el Arca” y desde allí al padre Adán. Y otras más.

Muchos santos de los últimos días se han ligado a una o más de estas genealogías, y muchos más descienden de ellos sin saberlo. Considerando el número de líneas ancestrales que tiene cada uno de nosotros, es altamente probable que todos los que tenemos raíces en Bretaña y la Europa continental podríamos ligarnos mínimo a una de estas líneas; si investigamos lo suficiente hasta llegar a conectarnos con ellos. Si uno se remonta tan solo diez generaciones (aproximadamente 300 años) tendrá 1,024 (210) líneas directas de antepasados (exceptuando la posibilidad que se repitan algunas líneas). Otras diez generaciones (mediados del Siglo XIV) nos darían 1’048,576 (220) líneas de antepasados. La siguiente generación sería de 2’097,152 (221) y una después 4’194,304 (222). Esto nos daría un árbol genealógico promedio que nos remonta a la segunda mitad del Siglo XII; Todavía unas siete generaciones después de Guillermo el conquistador y alrededor de catorce generaciones después de Carlo Magno quien nació en el año 742, d. de C.

Si aumentáramos catorce generaciones, entonces el cálculo nos da más de 68.7 millones de líneas potenciales (234 generaciones de progenitores). Esto, por supuesto es ridículo, porque no ha habido tantas personas en toda la historia del mundo. Y mucho menos en Europa en el Siglo VIII. Obviamente todos tenemos líneas ancestrales que se repiten más de una vez – algunas se encuentran varias veces en el camino – en todas estas generaciones y con esta probabilidad, es relativamente seguro suponer que si nuestro antepasados son Europeos probablemente somos descendientes de Carlo Magno y de cada pareja del Siglo VIII que tiene descendientes vivos al día de hoy.

Con estos antecedentes y con el conocimiento de estas interesantes genealogías que se discutieron anteriormente, volvamos a la pregunta que originalmente se planteó: ¿Cuán confiables son estos linajes? La verdad es que no lo sabemos. Si hemos de aceptarlas, debemos considerar la palabra de alguien más porque no hay pruebas. Hay seis importantes razones, sin embargo, podemos optar por aplicar el proverbio “un grano de sal” [tomar algo con reservas, con escepticismo]:

   
  1. La genealogía moderna, en el mundo occidental, tiene su origen en los años 1,400 y 1,500 con la aristocracia de Europa, directamente atribuible al feudalismo y a los privilegios hereditarios. Era más importante en es clima social tener a los antepasados “convenientes” que a los antepasado “correctos”. La verdad fue algunas veces adaptada para acomodarla a ciertos fines políticos y económicos.

  2. Los documentos auténticos con los cuales tales genealogías pudieran ser probadas, no existen. La documentación escrita de los eventos en las vidas de las personas con las cuales trazamos y probamos sus generaciones no existen. La mayoría de esos registros nunca fueron hechos en los primeros siglos. Aún en la época cristiana las genealogías fueron preservadas con la ayuda de varios dispositivos nemónicos y pasados oralmente de una generación a otra. Esto fue después registrado por escribas, principalmente Monjes. La mayoría son solo listas de nombres pero son consideradas por las autoridades como muy precisas y muy antiguas. Por ejemplo, la lista de los reyes Escoceses se dice que es confiable ya en el Siglo III d. de C. Pero probarlo es otro tema.

  3. Hubo una total ausencia de apellidos hasta la mitad del Siglo XI d.de C. y una ausencia significativa incluso tiempo después. Esto causó excesivas repeticiones de nombres en la sociedad en general, como lo evidencian algunos registros. Este factor por si sólo hace difícil la identificación de alguien, si no imposible, en la mayoría de los casos.

  4. Las reglas de las evidencias no fueron entendidas por los primeros genealogistas. Esta falta de comprensión les dio a los primeros genealogistas el pretexto adecuado para el uso de la conjetura y la imaginación en la elaboración de genealogías como si fueran pruebas reales.

  5. Aun las más indiscutibles genealogías bíblicas, sobre las cuales estos árboles genealógicos tienen la necesidad de confiar, no son completamente confiables. En primer lugar, las antiguas frases hebreas que implicaban la filiación no son interpretadas tan estrictamente como las interpretamos el día de hoy. Segundo, los antiguos Judíos eran personas propensas a usar números simétricos para manipular largas listas. Esto lo acompañó el quitar y aún agregar nombres a voluntad.

  6. Algunas genealogías están basadas en dioses paganos. Julio César se suponía que había surgido de Venus por medio de Eneas, y los gobernantes Sajones de Inglaterra reclamaban su descendencia del dios Odín.

   

Antes de concluir la respuesta, dos observaciones más relacionadas con estos árboles genealógicos son apropiadas. La primera está sugerida por los números citados al principio para representar los números de líneas ancestrales de varias generaciones. Aún, si pudiéramos decir que estos árboles genealógicos son confiables y puedan ser aceptados por su valor nominal (el cual obviamente no podemos hacer), tener una línea trazada hasta nuestro Padre Adán no nos absuelve de nuestra responsabilidad genealógica. Aún hay miles de otras líneas que requieren atención, cada una de las cuales dijimos, tenemos la responsabilidad de investigar. ¿Cuántos Santos de los Últimos Días, por ejemplo, pueden decir que su genealogía llega hasta la decima generación y toda la obra del templo está hecha? (y tener en mente que estas son las generaciones en las cuales nuestros registros son más confiables para la investigación y están disponibles) Aun así es muy difícil.
La segunda observación tiene que ver con la obra en el templo. Esto es, aún con el árbol genealógico hasta Adán, no podemos hacer la obra del templo por estas personas. El Departamento Genealógico toma la responsabilidad total por la obra de todas las líneas reales y no son aceptados los nombres para hacer la obra del templo por personas que nacieron antes del año 200 d. de C.

Ensign, Enero 1977, Páginas 73-74
http://www.lds.org/ensign/1977/01/i-have-a-question?lang=eng
Traducción libre